La conectividad por satélite abre un nuevo capítulo en la evolución de las comunicaciones. Las expectativas son elevadas, pero también persisten algunos mitos, en particular sobre su potencial para sustituir a las redes terrestres. La oportunidad está precisamente en la complementariedad entre ambas: integrar las capacidades satelitales con unas redes terrestres que seguirán proporcionando la base de la conectividad, a nivel global. Esta combinación abre nuevas oportunidades de colaboración.
Los servicios satelitales Direct-to-Device o Directos al Dispositivo (D2D) pueden desempeñar un papel valioso para extender la conectividad en exteriores en zonas sin cobertura y reforzar las comunicaciones críticas y de emergencia. Sin embargo, no pueden replicar la capacidad, la cobertura en interiores, el rendimiento del uplink (enlace ascendente), ni la reutilización geográfica del espectro que ofrecen las redes terrestres. No debemos confundir cobertura con capacidad, ni una conectividad ocasional con la experiencia móvil que los usuarios esperan en su día a día.
A medida que las comunicaciones por satélite se acercan al ecosistema móvil, su valor dependerá cada vez más de una integración fluida con las redes terrestres y de las capacidades, la experiencia y las relaciones de confianza con los operadores de telecomunicaciones.
Por tanto, el futuro de la conectividad será mixto: las redes terrestres seguirán siendo la base de las comunicaciones, aportando capacidad, calidad y conectividad ubicua, que demandan ciudadanos, empresas y administraciones públicas, mientras que los satélites ampliarán el alcance y reforzarán la conectividad en zonas de difícil cobertura, crítica o en ciertas situaciones de emergencia.
Un enfoque estratégico abierto y soberano para Europa
Telefónica acoge favorablemente la propuesta de la Comisión Europea para los Servicios Móviles por Satélite (MSS) y su objetivo de impulsar la conectividad satelital europea, incluidos los futuros servicios D2D, situando la soberanía europea en el centro. Apoyamos el marco que busca reforzar la competitividad, la autonomía estratégica y las capacidades industriales europeas.
Europa aspira a seguir abierta a la tecnología, la inversión y las alianzas internacionales. Al mismo tiempo, esa apertura no debe implicar perder de vista potenciales dependencias estratégicas, ni ignorar la posibilidad de que funciones críticas de conectividad se concentren en un número muy reducido de plataformas verticalmente integradas y no europeas.
El objetivo debe ser desarrollar un ecosistema en el que los operadores europeos, las empresas de satélites, los proveedores tecnológicos y las instituciones puedan combinar sus respectivas fortalezas.
Para ello se necesitan modelos flexibles que permitan consorcios y acuerdos contractuales entre operadores móviles y satelitales. Un solicitante del espectro MSS debería poder participar en el pliego sin necesidad de disponer de infraestructura satelital propia, siempre que cuente con un acuerdo vinculante que garantice la capacidad satelital necesaria y un control suficiente sobre la prestación del servicio y el cumplimiento de las obligaciones correspondientes. Esto reflejaría mejor la realidad técnica y comercial de las redes satélite-terrestres y podría favorecer un despliegue más rápido, inversión e innovación.
Por otro lado, Europa necesita un marco que garantice condiciones regulatorias equitativas. Servicios de conectividad comparables deberían estar sujetos a requisitos equivalentes, con independencia de que se presten mediante infraestructuras terrestres o satelitales. Procedimientos de selección transparentes, salvaguardias sólidas frente a interferencias, condiciones regulatorias predecibles y tasas de espectro proporcionadas serán esenciales para garantizar una competencia justa y preservar los incentivos a la inversión tanto en redes terrestres como satelitales.
De cobertura satelital a un servicio integral de conectividad
En el futuro, la tecnología que hace posible la conectividad debería ser prácticamente invisible para los usuarios. La transición entre redes terrestres y satelitales debería producirse de forma fluida, manteniendo el mismo dispositivo, número, mecanismos de autenticación y seguridad, así como una única experiencia de atención al cliente y facturación.
Es aquí donde los operadores de telecomunicaciones aportan un valor diferencial.
Los operadores móviles ya integran redes de acceso, espectro, dispositivos, autenticación, ciberseguridad, atención al cliente y plataformas de servicios en una experiencia única. Gestionan infraestructuras nacionales complejas y cuentan con las capacidades operativas necesarias para integrar la conectividad por satélite en las redes móviles existentes. Por tanto, pueden transformar la capacidad satelital en un servicio complementario que funcione como parte del ecosistema de comunicaciones más amplio, en lugar de como una capa de conectividad aislada.
Los operadores europeos también proporcionan las infraestructuras terrestres soberanas y las funciones necesarias para coordinar, supervisar y gestionar el servicio con seguridad. La iniciativa conjunta anunciada por Telefónica, Deutsche Telekom, Orange y Vodafone refleja precisamente este enfoque. Los cuatro operadores han firmado una Carta de Intenciones para explorar una posible oferta conjunta de cara a la futura asignación de espectro para Servicios Móviles por Satélite en Europa.
Qué aportan los operadores de telecomunicaciones
El debate sobre la conectividad satelital se centra en ocasiones casi exclusivamente en los satélites y las constelaciones. Sin embargo, el segmento espacial es solo uno de los componentes del servicio extremo a extremo. Las redes terrestres seguirán siendo la base principal de la conectividad, ofreciendo mayor capacidad y funcionalidades más avanzadas en la mayoría de los lugares y situaciones, incluidas las emergencias y otros escenarios críticos. El verdadero valor reside en combinar ambos mundos.
Y es ahí donde los operadores de telecomunicaciones aportan capacidades esenciales para convertir la conectividad por satélite en un servicio seguro, fiable y ampliamente disponible:
– Integración fluida de las redes. Los operadores pueden integrar la conectividad terrestre y satelital, permitiendo prestar servicios a través de distintas tecnologías de acceso.
– Relaciones de confianza con los clientes. Ya prestan servicios a ciudadanos, empresas y administraciones públicas y pueden incorporar D2D a modelos consolidados de comercialización, atención al cliente y soporte.
– Seguridad y autenticación. Los operadores gestionan la identidad de los abonados, la autenticación, la ciberseguridad y otras funciones sensibles en sus redes y servicios.
– Gestión del espectro y de las interferencias. Cuentan con una amplia experiencia en el uso eficiente del espectro, la coexistencia entre servicios, la supervisión de redes y la gestión de interferencias perjudiciales.
– Cumplimiento regulatorio. Los operadores están sujetos a obligaciones relativas a seguridad, resiliencia, acceso legal, comunicaciones de emergencia y protección de los consumidores.
– Infraestructura y escala operativa. Sus redes, emplazamientos terrestres, plataformas de servicios y equipos operativos pueden ayudar a acelerar el despliegue y evitar la creación de entornos de servicio desconectados o duplicados.
– Resiliencia y continuidad. Al combinar las capas terrestre y satelital, los operadores pueden ofrecer opciones adicionales de conectividad para situaciones de crisis, comunicaciones críticas y lugares fuera de la cobertura convencional.
Estas capacidades no son elementos periféricos del servicio Directo al Dispositivo (D2D). Son parte del propio servicio. El valor de un ecosistema de conectividad no depende únicamente de lo que ocurre en órbita, sino también de quién gestiona la red, protege los datos, autentica al usuario, garantiza el cumplimiento regulatorio y asume la responsabilidad de la prestación del servicio. Este enfoque permite acomodar diferentes modelos de colaboración entre los distintos actores del ecosistema.
La soberanía implica control sobre funciones críticas
La soberanía tecnológica europea no puede evaluarse únicamente atendiendo a quién posee una constelación de satélites. También depende del nivel de competencia en el segmento satelital y, críticamente, de quién controla la capa de servicio, la relación con el cliente, la autenticación, la gestión de la red, la gobernanza de los datos, las funciones de seguridad y la continuidad del servicio.
Los operadores europeos de telecomunicaciones ya desempeñan muchas de estas funciones dentro de estrictos marcos regulatorios y de seguridad. Su participación puede, por tanto, contribuir a consolidar capacidades soberanas clave en Europa, incluso cuando la capacidad satelital se proporcione a través de alianzas.
A largo plazo, Europa debería apoyar el desarrollo de capacidades europeas competitivas a lo largo de toda la cadena de valor, incluidos satélites, infraestructuras terrestres, dispositivos, chipsets, software, tecnologías de red y estándares. También debería desempeñar un papel activo en la configuración de los futuros estándares de redes no terrestres y 6G a través de organismos como 3GPP, garantizando que los requisitos europeos en materia de seguridad, interoperabilidad, resiliencia y competencia queden reflejados en los marcos globales.
Por último, desarrollar y consolidar estas capacidades en Europa requerirá una inversión significativa y sostenida. La inversión privada será esencial, pero la experiencia de Estados Unidos demuestra el importante papel que pueden desempeñar la financiación pública, la contratación estratégica y una demanda institucional a largo plazo en el desarrollo y la ampliación de capacidades tecnológicas soberanas. Por tanto, las ambiciones de Europa deberían estar respaldadas por recursos adecuados, también a través del próximo Marco Financiero Plurianual, apoyando capacidades estratégicas a lo largo de toda la cadena de valor de la conectividad, desde el desarrollo tecnológico y el lanzamiento de satélites hasta el despliegue, la operación y la prestación de servicios.
Construyendo el ecosistema europeo de conectividad del futuro
La cuestión no es si prevalecerán las redes terrestres o las satelitales. Ambas serán necesarias, porque resuelven problemas diferentes y ofrecen capacidades complementarias.
La conectividad por satélite puede ampliar el alcance y la resiliencia de las comunicaciones, si bien con capacidad limitada. Las redes terrestres proporcionan la capacidad, la cobertura en interiores, la presencia local y la integración de servicios necesarias para la conectividad de todos los días. Los operadores de telecomunicaciones conectan estos dos mundos.
La iniciativa puesta en marcha por Telefónica, Deutsche Telekom, Orange y Vodafone ofrece una oportunidad para trasladar esta complementariedad y las ambiciones de soberanía de Europa a un modelo europeo práctico: abierto a todos los operadores móviles, favorable a la competencia y a la capacidad de elección de los consumidores, que combine una gobernanza europea con una experiencia contrastada y proporcione una vía para el crecimiento del ecosistema satelital europeo.
Por tanto, para aprovechar todo el potencial del servicio Directo al Dispositivo (D2D), los responsables políticos y la industria satelital deberían construir este futuro junto con los operadores de telecomunicaciones. Sus redes, conocimientos especializados, responsabilidades y relaciones con los clientes los convierten en socios indispensables para ofrecer a Europa una conectividad soberana, segura, resiliente y fluida.









